Desde que era muy pequeña he querido ser escritora. No recuerdo en qué momento de mi vida no quise serlo. La escritura en cualquiera de sus formas siempre ha viajado junto a mí. Un pequeño cuaderno perdido en el interior de un bolso, unas hojas sueltas recopiladas de algún tema de clase, los márgenes de las libretas del colegio, el reverso de los tickets de la compra. En cualquier momento y sin importar el lugar, mis dedos se han deslizado buscando un bolígrafo, palpando los bolsillos de los abrigos, rebuscando entre el material de una cartera.
Cuando echo la vista atrás, me entran ganas de reír. Cuántas y cuántas cosas se han ido quedando en el camino. Cuántas ideas que al final no han podido adornar líneas en ningún cuaderno, palabras que se han perdido en el vaivén de mis pensamientos. Ahora dispongo de menos tiempo que cuando era pequeña o más joven, pero las tecnologías nos han brindando nuevos utensilios que favorecen la recuperación de ideas. Qué sería de mis impulsos inspiracionales sin ese móvil en el que sin importar el lugar o el momento soy capaz de anotar lo que pasa por mi mente, gracias al registro vocal.
El problema: la acumulación de proyectos, de ganas, de entusiasmo, y la imposibilidad de proyectar cada una de ellas sobre el papel.
El otro día estuve ordenando mis escritos, el conjunto de mis pensamientos de cuando contaba solamente diez años de edad; los poemas de adolescente, los cuentos, mi diario y no sé cuántas cosas más. Me di cuenta del tesoro que había acumulado durante años. Una auténtica joya poder recuperar sensaciones que mi mente había olvidado, puesto que mis escritos se inspiran en mi realidad, en mi mundo, en mi manera de sentir. Imagino que quizás como los de todo escritor.
Difícil es imaginar un personaje o, mejor aún, toda una trama, sin que haya una ligera sombra autobiográfica. En mi caso, suelo apoyarme en sentimientos propios, dolor, amor y sensaciones similares. Y eso precisamente fue todo lo que recuperé hace un par de semanas.
Me di cuenta de que quería seguir adelante con esas ideas y proyectos. Me di cuenta de que esas paginas escritas a máquina, ni siquiera a ordenador, me llamaban para que por fin dejara de amordazarlas. Querían hablar, expresarse y contar en voz alta lo que allí está escrito. Habrá que renovar y que cambiar, pero, en esencia, lo que deseo es poder retomar esa libertad que me otorgaba la idea de querer ser escritora. Aún no sé como hacerlo, pero este blog espero que me sirva de bitácora, de diario de viaje y que me acompañe siempre.
Si te apetece leerme, si te apetece compartir impresiones, dejar escritos plasmados en estas páginas o simplemente leer, te invito a sentarte junto a mí. Aquí siempre habrá una amiga escritora a tu lado. Hasta pronto.

Comentarios
Publicar un comentario